Un contrato de comportamiento es un documento que regula un pacto para regular algún aspecto de la conducta.

Tu hijo se compromete a cumplir unas normas de comportamiento y tú como padre, a cambio le correspondes con un premio pactado si todo va según lo previsto.

Este tipo de contratos busca satisfacer a las dos partes. Tu hijo gana un premio que se propone y que le gusta y tú consigues una mejora de su comportamiento en alguna faceta concreta. Es un esquema win-win (los dos participantes en el contrato ganan).
Para llevar a cabo un contrato de comportamiento debes especificar claramente qué es lo que quieres conseguir con él. Es importante que puedas medir el compromiso que se establece.

Por ejemplo, imagina dos posibles compromisos que podría adquirir tu hijo en un contrato:
  • Compromiso correcto: cepillarme los dientes tres veces al día.
  • Compromiso incorrecto: portarme mejor.
Como puedes ver, en el primer caso es sencillo medir la realización de la conducta. Hay un criterio claro para evaluar si se ha cumplido el compromiso. Si tu hijo se ha lavado los dientes tres veces en el día, habrá cumplido el contrato ese día.

Sin embargo en el segundo ejemplo no existe un criterio claro. No se establece un comportamiento concreto que se pueda evaluar, sino que se deja abierto a la interpretación. La precisión a la hora de elaborar el compromiso es importante porque luego puede dar lugar a muchos quebraderos de cabeza y a que el contrato de conducta sea inválido.

También debes tener en cuenta esta precisión a la hora de definir el premio propuesto.
  • Premio correcto: ir al cine para ver una película que me apetece.
  • Premio incorrecto: pasar un día divertido.
En el primer caso será sencillo entregar el premio. Simplemente hay que comprar una entrada de cine para ver una película concreta.

Por otro lado, en el segundo ejemplo no es fácil determinar cuál será el premio.

Por último, para que el contrato de comportamiento sea útil, deberás acordar la forma en que se adjudicará. Cómo vas a evaluar y premiar o castigar las diferentes conductas. Esto se suele llevar a cabo con un sistema de puntos, de forma que se podrán ganar puntos cuando se realicen conductas que estén relacionadas con el compromiso y se perderán cuando se hagan las contrarias a la promesa. De esta forma el contrato no tiene un límite temporal, sino que terminará cuando se hayan conseguido los puntos necesarios.

También se puede establecer una fecha tope para el contrato, de forma que si llega esta fecha y no se ha conseguido el objetivo, el contrato se invalida. Este límite puede ser útil para determinados casos, pero en general no es una práctica recomendable, porque puede generar ansiedad en tu hijo, y esto puede influir en su desempeño.
Desde Padres en la Nube podrás crear un contrato de conducta que te ayudará a mejorar alguna faceta de comportamiento y equilibrar la vida familiar.Para poder utilizar nuestro sistema de gestión de contratos debes ser usuario de nuestra plataforma.