Castigar o premiar a un adolescente

Castigar o premiar a un adolescente - Padres en la Nube

Castigar o premiar a un adolescente. Ésta es la gran pregunta. Todo padre o educador que se precie se ha planteado alguna vez la cuestión. ¿Es mejor conseguir un cambio en un niño castigando sus conductas negativas o premiando las positivas?
Parece demostrado que la virtud está en el medio, logrando un equilibrio entre ambas herramientas. Los castigos son eficaces en algunos casos y las recompensas en otros.
Pero, ¿qué es lo que hace que un premio sea efectivo?, ¿cuándo un castigo es realmente innecesario y se puede evitar?
En este artículo vamos a analizar detenidamente la última evidencia científica al respecto para ayudarte como padre a tomar decisiones efectivas.

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Castigar o premiar a un adolescente, no a un niño.

Todos sabemos que algo cambia en la adolescencia. Tu hijo empieza a mostrar una nueva personalidad. Y es por ello que intentará probar suerte en la vida con las habilidades recién estrenadas que ha ido adquiriendo en su niñez.
Tienes en casa a un aprendiz de persona que combina lo mejor de un niño y lo peor de un adulto.
Lo mejor de un niño porque ha refinado sus habilidades físicas y sus técnicas de chantaje. Ha tenido muchos años de entrenamiento peleando contra el entorno para hacerse un hueco seguro entre los juguetes de su cuarto y para lograr coronarse como pequeño rey de la casa.
Lo peor de un adulto porque piensa que toda esa experiencia recién adquirida le da derecho a empezar a tomar decisiones sobre su propia vida y a juzgar sus responsabilidades y deberes.
Por eso no es igual la educación de un niño que la de un adolescente. Para ordenar las cosas plantéate cinco diferencias fundamentales que van a condicionar tu papel como padre en esta etapa:

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  • Aparecen los primeros brotes de razonamiento: un niño no es capaz de ver el mundo como lo hace un adulto. En la adolescencia tu hijo comienza a entender las dinámicas sociales, a tener una visión más global del mundo que le rodea y a plantearse los valores y la moralidad. Empezará a controlar sus emociones y a la vez desarrollará un pensamiento lógico. Será capaz de pensar ya de una forma abstracta. Estos tecnicismos de la Psicología explican que tu hijo ya no estará limitado por una situación o estímulo presente para pensar, podrá elaborar razonamientos de cosas que no ve o no percibe.
  • Tu hijo quiere ser actor principal de su propia vida: comienza el desarrollo de la personalidad y con él un afán por ser protagonista de todo lo que le atañe. Se dará cuenta que puede cambiar el mundo y que es una agente de transformación, por lo que intentará tomar las riendas de lo que le afecta.
  • Cambia el papel protagonista de la familia: a medida que tu hijo se adentra en la adolescencia va adquiriendo diferentes herramientas sociales y mayor conocimiento de su entorno. Estas nuevas habilidades le permitirán pasar a formar parte de un grupo más amplio que la familia. Por eso los grupos de iguales y otras personas de referencia son tan importantes en esta etapa.
  • El afecto se desordena: las emociones se vuelven más volubles e intensas. Tu hijo empezará a conocerlas y las experimentará como una parte fundamental de su vida y de la relación con los demás.
  • Valores y moralidad a escena: es un momento clave para el desarrollo de la ética. La visión del mundo se fragua en esta etapa y tu hijo sentará las bases para elaborar una personalidad íntegra y unos valores que guíen su propia vida.

Como ves, hay un montón de razones para considerar a los adolescentes en serio. Si te quedan dudas puedes visitar este artículo sobre el desarrollo del adolescente, que investiga también los cambios fisiológicos de tu hijo.
Todas estas diferencias hacen que además, el comportamiento de un adolescente y un niño sean distintos y la forma de modificarlo y educar a tu hijo también. Castigar o premiar son dos herramientas que tienen una aplicación diferente en estos contextos.
Para que te hagas una idea, en las últimas investigaciones sobre el tema, científicos de la Universidad de Leiden han encontrado que los niños de ocho años responden bien al refuerzo positivo. Frases del tipo «¡Muy bien hecho!» o «Me está gustando mucho como haces hoy los deberes» funcionan perfectamente.
No obstante, otras indicaciones educativas basadas en el castigo, como prohibir la televisión por no hacer la tarea no son tan efectivas. Encontraron que los niños menores de ocho años todavía no son capaces de procesar las sanciones. Es decir, que castigar a un niño de ocho años tiene poca eficacia. Debes trabajar más con él premiándole y motivándole para que continúe realizando conductas positivas y evitar el empleo de castigos por su ineficacia.
A partir de la adolescencia sin embargo tu hijo ya es capaz de procesar el feedback negativo. Los castigos centrados en lo negativo del comportamiento comenzarán a tener sentido, ya que el cerebro de tu hijo podrá asimilarlos.
Esto no quiere decir que tu hijo sólo pueda aprender con castigos. No perderá su habilidad para motivarse con refuerzos y premios. Adquirirá además la destreza de pensar en las cosas que ha hecho mal para mejorarlas. Como ves, las dos estrategias, castigar o premiar, empiezan a tener sentido en este periodo.
Y esto es muy importante para la educación, porque tu hijo a partir de la retroalimentación negativa de sus conductas será crítico consigo mismo y podrá cambiar el comportamiento de forma independiente cuando asimile esta capacidad. Es cómo si le entregáramos un mapa de conductas y lo interpretara para ir elaborando su propia personalidad en función de los resultados negativos o positivos de sus actos.

Mantener el control.

La adolescencia es la etapa de las normas. Si bien en la infancia es importante tener un esquema claro de comportamientos tolerables e inadecuados, en la adolescencia las normas son clave. La decisión de castigar o premiar a tu hijo debe estar sustentada por una motivación clara.
Pero no sirve cualquier norma, sino que debes ser capaz de estructurar una normativa con sentido. Un esquema de leyes que puedas explicar y transmitir a tu hijo por su significado e importancia para la convivencia.
Un adolescente es crítico con su entorno y lo será también con lo que encuentre en casa. Si es capaz de entender las normas, o al menos ver un por qué en ellas, aunque aún no lo comprenda, podrá asimilarlas.
En este sentido es importante distanciarse de la norma. Y la mejor forma de conseguirlo es pautar reglas que tengan que cumplir todos los miembros de la familia. Recuerda que eres un modelo de comportamiento para tu hijo y las normas que dictes serán asimiladas por él de forma más directa si te ve a ti cumplirlas.
Y ten en cuenta que una de las cosas más importantes para un adolescente es la justicia. Tu hijo presentará ansiedad cuando se han utilizado prácticas educativas diferentes entre sus dos figuras parentales. Científicos de la Universidad Politécnica de Bucarest han encontrado que cuando un padre aprueba y el otro castiga el mismo comportamiento el resultado es que se deteriora la relación con el hijo y que además se produce ansiedad en la adolescencia.

La importancia de los premios y refuerzos.

Hasta aquí hemos basado el razonamiento en las normas y los castigos. Es cierto que son importantes, pero no podemos perder la perspectiva. Tu hijo está aprendiendo y necesitará motivación para seguir adelante.
Aunque muchas veces quiera dar la sensación de seguridad no puedes olvidar que es un individuo en formación. No entenderá realmente muchas de las cosas que dice conocer y sus poses no serán más que un resultado de su inseguridad. No pierdas la paciencia con él y no te creas que lo entiende todo.
Tu papel como padre, más allá de castigar o premiar, sigue pasando por descubrirle y mostrarle cómo funciona el mundo. Aunque durante su etapa de niñez le enseñabas con objetos, con el entorno físico, ahora lo debes hacer con las relaciones sociales. Y esto supone que entienda su relación con las normas, las emociones, la justicia, su sexualidad, los conflictos sociales, las drogas…

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Ten en cuenta que en esta nueva realidad las cosas no son tan fáciles. Cuando tiras un objeto al suelo sabes que sonará, pero en el mundo social no todo está predeterminado, porque hay otras personas que también deciden y pueden cambiar las consecuencias de las conductas.
Además tu hijo es independiente y no tiene por qué compartir tus ideas. Es más, en muchas ocasiones comprobarás que a pesar de tus advertencias probará cosas inadecuadas y asumirá riesgos. No pierdas de vista tu adolescencia y su necesidad de experimentar en esta etapa. Pero tampoco te despreocupes y lo justifiques todo. La rebeldía adolescente surge de una necesidad de jugar con los límites, pero los juegos a veces son peligrosos y no olvides que como padre no debes tolerar ciertos riesgos.
Y te preguntarás, ¿cómo puedo trabajar el refuerzo positivo en este contexto? Aquí la clave es valorar cada etapa de desarrollo de tu hijo. Esto lo puedes lograr a través del diálogo, entendiendo qué es lo que tu hijo va aprendiendo y asimilando. A partir de este punto de partida le puedes ir marcando retos. En el colegio, en su relación familiar, en sus responsabilidades… Y la evaluación periódica de estos retos y la asignación de premios por su cumplimiento os ayudará a congeniar y afianzar vuestra relación.
Para castigar o premiar de forma efectiva, puedes centrar tu trabajo en contratos de comportamiento o en el esquema de economía de fichas. Ambas herramientas son buenas aliadas para conseguir cambios y evaluar resultados.

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Soy Psicólogo de formación, aunque hace un tiempo orienté mis estudios hacia la Ingeniería informática. Mi profesión me ha llevado a la socialización de adolescentes en centros de menores y al desarrollo de proyectos tecnológicos. En mis años de experiencia he sistematizado esquemas de trabajo eficaces con graves problemas y conflictos adolescentes. Padres en la Nube es la unión de mis dos pasiones: la tecnología como herramienta para la mejora social y la adolescencia como etapa de cambio y transformación.

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Comentarios

  1. Muy buen artículo, Félix.

    • Gracias Rafa.
      Me alegra que te haya gustado.
      Justamente ahora estamos trabajando en el centro sobre la mejor forma de aplicar todas estas técnicas. A ver si damos con un sistema que encaje todas las aportaciones del equipo.

  2. Genial el artículo! Tan sólo añadir que a veces debemos ser «tan politicamente correctos» que oir o leer la palabra castigo nos desconcierta, lo vemos (o lo ven) como algo peyorativo, algo malo….sin saber como tu bien explicas qué es y cómo y cuando aplicarlo.

    • Gracias por tu comentario Ana.
      El refuerzo y el castigo nos condicionan a diario y muchas veces no somos conscientes de ello. Desde el trabajo hasta la familia y amigos. Cada situación tiene capacidad de sancionarnos o premiarnos en función de su contexto propio o de nuestra actitud o comportamiento ante ella. Lo bueno de todo esto es encontrar la forma de aplicarla de forma constructiva para alcanzar los objetivos educativos.
      Puede sonar maquiavélico, y en cierta manera lo es, pero se me ocurre que regular el comportamiento de tu hijo de forma artificial antes de que lo haga un juez o la vida le ponga en su sitio es una estrategia inteligente.

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