Educar en pareja: acordar normas

Educar en pareja acordar normas - Padres en la Nube
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Acordar normas en la familia se convierte en una habilidad clave cuando llega la adolescencia de tu hijo. Establecer una normativa clara para tu hogar puede ayudarte mucho en su educación.
En este artículo analizamos la mejor forma de establecer reglas en tu hogar y llegar a un consenso con tu pareja.

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Figuras de autoridad

En el mundo físico las normas existen de forma natural. Tu hijo aprende que no puede volar ni atravesar paredes porque hay unas reglas que regulan las posibilidades que tiene. Los límites están ahí sin que haga falta explicarlos.
En el mundo social seréis los adultos del hogar, como figuras de autoridad, quienes tengáis que establecer las reglas. Debéis crear un microcosmos de lo que tu hijo se encontrará en la sociedad para que esté preparado.
En esta labor cobra especial importancia el acuerdo entre las figuras de autoridad de la familia. Las normas ayudan a anticiparse y mostrar un criterio unánime ante los posibles comportamientos de tu hijo.
Establecer un buen sistema de reglas familiar puede ayudarte a mejorar la convivencia y evitar muchas discusiones con tu hijo.
Una normativa implica su cumplimiento por parte de todos los miembros de la familia. Y una supervisión por las figuras de autoridad de que se están consiguiendo los objetivos planteados y respetando los limites.
Además las figuras de autoridad son las encargadas de impartir justicia. Castigos y refuerzos son las herramientas asociadas a las normas que se aplican después de los comportamientos objetivo.
Dos figuras de autoridad no tienen porque tener visiones iguales del mundo, pero sí pueden llegar a un consenso en unas normas básicas que equilibren sus posturas. Además de una forma de control de comportamiento las reglas familiares son una forma de poner de acuerdo a la familia sobre una visión del mundo conjunta.
Sin duda, una de las claves a la hora de educar en pareja es acordar normas para establecer unas reglas en el hogar. Como adultos somos las figuras de autoridad y los responsables de la educación en casa.

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Acordar normas como forma de apoyo familiar

En realidad la familia se podría regular de forma indirecta y esperar a que tu hijo llegue a comportamientos desproporcionados para atajarlos.
Pero cuanto antes impongas una disciplina, menos problemas experimentará tu familia con su educación. Es más sencillo y práctico prepararse con antelación que esperar a que tu hijo muestre una conducta para regularla.
Si desvinculas una parte de esta autoridad de la persona y la trasladas a una normativa que tenga que cumplir toda la familia optarás por una decisión inteligente.
Por ejemplo, imagínate que tu hijo una mañana se comporta extraordinariamente bien y participa de forma ejemplar en las tareas del hogar. Cuando tu pareja llega a casa le planteas la situación con tu hijo delante y con entusiasmo le explicas que merece un premio por su comportamiento.
Si tu pareja está de mal humor o no valora como tú la importancia de las tareas de casa podría enfrentar tu postura y entraríais en una discusión delante de tu hijo que lo único que conseguiría sería confundirle. No entendería el por qué de vuestro comportamiento y desencuentro.
Ni siquiera podría diferenciar si su conducta de participar en las responsabilidades de casa ha sido positiva o ha provocado una discusión entre vosotros y debería evitarla en el futuro.
Si una norma previa en tu hogar regulase que la colaboración en casa se premia con alguna actividad familiar, como ir al cine el fin de semana, la actitud de tu pareja al llegar a casa hubiera sido diferente. La situación en este caso, aprovechando el hecho de acordar normas, enriquecería a la familia. Daría a tu hijo una visión del mundo y su comportamiento más ordenada y predecible.

Acordar las reglas en pareja

Piensa que educar en pareja puede ser una fuente de discusiones o una forma de conocerse mejor y establecer criterios comunes que contribuyan a la estabilidad familiar.
Para acordar las normas en pareja te planteamos un proceso de tres fases:

  1. Establece las claves de tu hogar: en toda familia hay una serie de valores que son prioritarios. El respeto, la cooperación o la obediencia son algunos universales que se repiten entre diferentes culturas. Tu deberías encontrar los principios clave de tu familia y acordarlos con el resto de los miembros para que los objetivos familiares se orienten hacia ellos. Identifica en primer lugar estas claves y contrástalas con tu pareja. De esta forma establecerás unos objetivos claros de vuestra vida familiar.
  2. Crea una normativa clara: una vez que conozcas hacia donde os dirigís podrás regular los comportamientos que están orientados a vuestros valores y los que son contrarios. Una buena normativa no sólo regula lo negativo, también refuerza lo positivo. Ten en cuenta que cuantas menos reglas tenga vuestra normativa familiar menos posibilidad habrá de incumplirlas y más importancia tendrán las que plantees. No te embarques en un proyecto gigantesco de regular todo lo que pasa en tu casa. Ten claros unos principios clave y limita lo que tiene que ver con ellos con unas pocas normas. Tendrás tiempo para ampliarlas o extenderlas siempre que hayas dejado claro por qué se establecen y a qué hacen referencia.
    Por ejemplo, imagina que has propuesto el respeto como un valor clave de tu hogar. A la hora de acordar normas relacionadas podrías considerar una norma que regulase las faltas de respeto en la comunicación. Insultar, gritar o menospreciar podrían ser límites relacionados con el valor del respeto en la familia.
  3. Plantea refuerzos y castigos asociados: por naturaleza somos egoístas y tendemos a mantener aquellas conductas que nos proporcionan resultados a corto plazo y con el mínimo esfuerzo. Acordar normas tiene también una parte ejecutiva que supone establecer estrategias para el cambio mediante los premios o los castigos.
    Si tu hijo grita y le contestas gritando perderéis la comunicación y el respeto mutuo y terminaréis viviendo en una casa de locos. Sin embargo si un grito lleva asociado un castigo, porque se considera una falta de respeto en tu hogar, tendrá un coste de respuesta y tenderá a desaparecer. Siguiendo con el ejemplo imagina que el castigo asociado al grito es doble. En primer lugar no contestas a tu hijo y le pides que emita un mensaje acorde con un tono de voz más bajo. Y en segundo lugar le quitas una parte de su propina por cada grito. El grito de tu hijo dejará de tener la eficacia y comodidad que tenía hasta ahora y pronto cambiará la pauta de comunicación.

Ten en cuenta que no sólo hay que acordar normas, sino la forma de aplicarlas. No te centres en el castigo y entiende también la importancia del refuerzo positivo.
Las investigaciones al respecto encuentran que por cada comentario negativo, para compensar nuestro estado de ánimo, las personas necesitaríamos cinco comentarios positivos.
Tu hijo no es una excepción, así que valora esta proporción a la hora de plantearle sanciones. Seguro que puedes encontrar cosas positivas en su conducta y reflejar su realidad de una forma constructiva.
Un buen ejemplo de esta habilidad es la técnica del bolígrafo verde. Consiste en centrar la atención en los aspectos positivos del comportamiento o el desempeño para ponerlos en primer plano. Así se consigue que tu hijo aprenda de ellos como modelos de conducta. Esta metodología es opuesta a la del bolígrafo rojo. Esta última resalta los fallos y pone de relieve las necesidades de mejora, centrando el foco de atención en lo negativo.

Acordar normas para mantenerlas

La mejor forma de mantener una norma es integrarla en la rutina de tu hogar. Lo ideal es que establezcas un periodo de prueba y estudies cómo funciona la propuesta.
Es ideal que establezcas hábitos de revisión. Por ejemplo, una reunión semanal de la familia ayudaría a evaluar el rumbo que toman los acontecimientos y el estado de ánimo de los miembros. Puede ser una oportunidad fantástica para establecer objetivos compartidos
Considera también el momento de la acostada como idóneo para hablar con tu hijo y reforzar las conductas positivas que ha demostrado o corregir aquellas que puede mejorar.

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Soy Psicólogo de formación, aunque hace un tiempo orienté mis estudios hacia la Ingeniería informática. Mi profesión me ha llevado a la socialización de adolescentes en centros de menores y al desarrollo de proyectos tecnológicos. En mis años de experiencia he sistematizado esquemas de trabajo eficaces con graves problemas y conflictos adolescentes. Padres en la Nube es la unión de mis dos pasiones: la tecnología como herramienta para la mejora social y la adolescencia como etapa de cambio y transformación.

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